Gracias, Rothko (o cómo dejar de tomar fotos digitales me hizo un hombre más feliz).

*English version below.

A finales del año pasado fui a Houston a cubrir un festival, dentro de este viaje, tuve un par de experiencias que me hicieron cambiar la manera en la que trabajo y, más directamente, la forma en la que disfruto, vivo y observo mi vida.

Estuve frente a cuatro instalaciones que me hicieron darme cuenta de que a pesar de ser una persona acostumbrada a correr y ver la vida a través de la ventana de un auto en un viaje por carretera, podía tomarme el tiempo necesario para apreciarlas, digerirlas, interpretarlas y dejar que me provocaran algo. Fue aquí que entendí lo importante que es contemplar, en silencio y calma, lo que tenemos enfrente. Los responsables de esto fueron Cy Twombly, Dan Flavin, Mark Rothko y James Turrell. Estos últimos dos en mayor cantidad, me dieron las herramientas para desarrollar lo que hoy en día es mi postura ante la inmediatez y la manera en que consumimos la fotografía.

Llevo casi 10 años trabajando como fotógrafo de conciertos, desde el inicio -y hasta hoy- lo he hecho para medios basados en Internet. Aprendí desde temprano  las reglas que determinan si tu contenido es relevante o no. Estas reglas no tienen nada que ver con la calidad de tu trabajo, por lo menos no de primera instancia. Cambiamos los valores que determinan esto al darle mayor importancia a la rapidez que a la estética, a la propuesta, al estilo o a la técnica. Dejamos que el público juzgara una obra por la velocidad con la que estaba disponible en línea, en lugar de por las emociones que les provocaba. La frase: “Lo urgente quita el tiempo a lo importante”, nunca fue tan real. “Tienes que ser el primero, si no, la gente no va a ver tus fotos”, “Si no están al día siguiente, no son relevantes”. Máximas como éstas rigieron mi vida por cerca de 10 años, sin cuestionarlas, ni combatirlas, a veces, incluso sin entenderlas.

Un día desperté y me encontré que debido a una serie de viajes y cambios importantes en los últimos meses, no había procesado que el 2017 estaba llegado a su fin; y me di cuenta que había terminando el año con un acervo fotográfico que me dejó inmensamente feliz y satisfecho. Pero algo faltaba, algo me tenía incómodo. Después de mucho analizar, descubrí el origen de este sentir: un enorme descontento con la manera en que el sistema de la fotografía de conciertos funciona, me genera mucha ansiedad que las fotografías que tomamos en un show tengan que estar publicadas a la mañana siguiente (en algunos casos, hasta en tiempo real). Me conflictúa mucho cómo nos relacionamos con nuestras fotos (en pantallas brillantes donde el attention spam nos hace olvidar instantáneamente lo que acabamos de ver), hemos dejado que el resultado se convierta en un producto genérico que se consume como fast food, en lugar de que sea premium y gourmet. Vivimos en la era en que más imágenes se generan al día (entre Instagram y Facebook, alrededor de 395 millones [!!!]), sin embargo, la manera en que consumimos estas millones de imágenes es a través de un scroll infinito, sin detenernos a observar, analizar y disfrutarlas. ¿Cuántas fotos de las que ven en Instagram al día se les quedan grabadas? ¿Cuántas los hicieron hacer una pausa en su día y comentarlas? ¿20, 10, 5, 1, ninguna? Exacto. Fontcuberta habla de esto en su libro ‘La furia de las imágenes: notas sobre la postfotografía’, donde habla sobre “la fotografía adaptada a nuestra vida online”.

Me di cuenta que el contenido que generamos -textos, videos, fotografías- ha sufrido demasiado el impacto de la inmediatez, y esto ha afectado directamente el valor que el público -y los clientes- le dan. Sin embargo, las películas, series, discos, libros, pinturas, esculturas, instalaciones, videos, etc, siguen requiriendo de un cierto ritual o proceso para poderse consumir (e idealmente disfrutar). Desde sentarte a ver o leer, hasta caminar e ir a un museo o ponerte audífonos para escuchar. Pero la fotografía no. Esta se consume (y se deshecha) en cuestión de segundos, dejando todo el trabajo que cada imagen tiene detrás, en el olvido.

Hemos dejado que el valor de una fotografía lo determinen el número de “Likes” que recibe, que un número de “seguidores” dicten si un artista es relevante, o si merece el apoyo de alguna marca, y -el peor de todos los problemas- si “influye” en la sociedad o no.

Mientras digería lo que había vivido y experimentado en la Capilla de Rothko y el Skyspace de James Turrell, llegué a la conclusión de que la única manera en que yo, Daniel Patlán, podía combatir esto a través de mi trabajo, era dejando de tomar fotografías digitales para retomar el esquema análogo. Este movimiento, arriesgado como suena, me hará valorar -primero a mi, esperando contagiar después al público- todo lo que hay detrás de cada disparo que hago. Me hará pensar mejor mis tiros, analizar, estudiar, preparar cada assignment, ser más cuateloso, detenerme a observar mi entorno y el momento; para poder después, disparar y accionar mi obturador. Llevado a un plano mucho más grande, me hará disfrutar cada momento y realmente vivir cada suceso en mi vida. Quiero convertirme en actor real de mi propia vida, en lugar de ser un espectador que a la distancia toma decisiones basado, siempre, en lo que viene, no en lo que hay.

Creo firmemente que no es necesario invadir la red con más imágenes que no transmitan emociones y que no logren que el público se detenga a observarlas. Creo que es tiempo de bajarle la velocidad y aprender a observar. Creo que es momento aprender a respetar y valorar los procesos. Creo que es un buen ejercicio y sobretodo, un must. Parar, observar, valorar, analizar y decidir, si lo que estamos viendo (o haciendo) nos emociona y transmite algo, o es más paja digital que sólo llena MB en la memoria de nuestros dispositivos.

Esta carta es tanto un anuncio, como una invitación. Es una acción y una reacción, una respuesta que genera preguntas. Por ahora me gustaría hacerlos parte de esta transición, invitarlos a mi proceso, mostrarles qué hay detrás de cada fotografía que verán firmada por Desde 1989 a partir de ahora. Me gustaría generar más conversación real, esa que no está supeditada por “Likes” o “Shares”. Creo fielmente que existen nuevas maneras de observar y vivir este tiempo, y creo que es momento de hacer una pausa y redireccionar nuestras formas.

Gracias.

Daniel Patlán / Desde 1989.

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At the end of last year I went to Houston to shoot a festival. During this trip I had a couple of experiences that made me change the way I work and; more directly, the way I enjoy, live and observe my life.

I visited four installations that made me realize that despite being a person used to run and see life through the window of a car on the highway, I could take the time to appreciate, digest, interpret and let this provoke something in me. It was then and there that I understood how important it is to contemplate, in silence and calm, what we have in front of us. Those responsible for this were Cy Twombly, Dan Flavin, Mark Rothko and James Turrell, these last two in greater quantity. They gave me the tools to develop what today is my position in the face of immediacy and the way we consume photography.

I’ve been working as a concert photographer for almost 10 years, from the beginning - and to this day - I’ve done it for Internet-based media. I learned early on the rules that determine if your content is relevant or not. These rules have nothing to do with the quality of your work, at least not at first. We change the values ​​that determine this by giving greater importance to speed than to aesthetics, proposal, style or technique. We let the audience judge a work by the speed with which it was available online, rather than by the emotions it provokes. The phrase: “The urgent takes time away from the important”, has never been so real. “You have to be the first, if not, people will not see your photos”, “If they are not available the next day, they are not relevant”. Maxims like these ruled my life for about 10 years, without questioning them, or fighting them, sometimes, even without understanding them.

One day I woke up and found out that due to a series of trips and important changes in the last months, I had not processed that 2017 was coming to an end; and I realized that I was ending the year with a photographic collection that left me immensely happy and satisfied, but something was missing. Something made me uncomfortable. After much analysis, I discovered the origin of this feeling: a huge dissatisfaction with the way in which the concert photography system works, I makes me very anxious that the photographs we took in a show have to be published the next morning ( in some cases, even in real time). I am very conflicted with how we relate to our photos (on bright screens where attention span makes us forget instantly what we just saw), we have let the result become a generic product that is consumed as fast food, instead of being premium and gourmet. We live in the era in which more images are generated per day (between Instagram and Facebook, around 395 million [!!!]), however, the way we consume these millions of images is through an infinite scroll, without stopping to observe, analyze and enjoy them. How many photos of the ones we see on Instagram everyday do we remember? How many made us pause in our daily routine to comment on them? 20, 10, 5, 1, none? Exactly. Fontcuberta talks about this in his book ‘The Rage of the Images: Notes on Post-photography’, where he talks about “photography adapted to our online life”.

I realized that the content we generate -texts, videos, photographs- have suffered too much from the impact of immediacy, and this has directly affected the value that the public -and customers- give to it. However, movies, series, records, books, paintings, sculptures, installations, videos, etc. still require a certain ritual or process for people to consume (and ideally enjoy them). From sitting to watch or read, to walking and going to a museum or putting headphones to listen. But these rituals do not apply to photography. This is consumed (and undone) in a matter of seconds, leaving all the work that each image has behind, in oblivion.

We have allowed the value of a photograph to be determined by the number of “Likes” it receives, a number of “Followers” dictate if an artist is relevant, or if it deserves the support of a brand, and -the worst of all problems - if it “Influences” society or not.

As I digested what I had experienced in the Rothko Chapel and James Turrell’s Skyspace, I came to the conclusion that the only way I, Daniel Patlán, could fight this through my work, was to stop taking pictures in a digital way, and to resume the analog scheme. This movement, risky as it sounds, will make me value -starting with myself, hoping to infect the public afterwards- everything that is behind every shot I make. It will make me think more about my shots, analyze, study, prepare each assignment, be more careful, stop to observe my environment and the moment; to be able to later, focus and activate my shutter. Taken to a much larger plane, it will make me enjoy every moment and really live every event in my life. I want to become a real actor in my own life instead of being a spectator who, at a distance, makes decisions based  always, on what is coming, not on what is here.

I firmly believe that invading the Internet with more images that do not transmit emotions and that do not achieve that the public stops to observe them is not necessary. I think it’s time to slow down and learn to observe. I think it’s time to learn to respect and value the process. I think it’s a good exercise and above all, a must. Stop, observe, assess, analyze and decide, if what we are seeing (or doing) excites and transmits something, or is it more digital straw that only fills MB in the memory of our devices.

This letter is both an announcement and an invitation. It is an action and a reaction, a response that generates questions. For now I would like to make you part of this transition, invite you to my process, show you what is behind each photograph that you will see signed by Desde 1989 from now on. I would like to generate a more real conversation, which is not tied to “Likes” or “Shares”. I faithfully believe that there are new ways of observing and living this time, and I think it is time to pause and redirect our ways.

Thank you.
Daniel Patlán / Desde 1989



The Jesus Lizard @ Day for Night 2017 (35mm Olympus Stylus)

Friendly reminder @ Day for Night 2017 (shot on iPhone & Grain Cam App)

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